AUTOR: XOSÉ MANUEL NÚÑEZ SEIXAS
RESUMEN DE LA OBRA
El libro se compone de un Prefacio, cinco capítulos titulados: “1. Introducción. Lugares de memoria, lugares de dictador”; “2. Los lugares del dictador fascista”; “3. Los lugares del dictador autoritario y colaboracionista”; “4. Los lugares del caudillo: mausoleos, pazos y criptas”; y “5. Los lugares del dictador comunista”. Continúa con un sexto capítulo: “6. Epílogo. ¿Qué hacer con los lugares de dictador?”, donde se analizan hechos fundamentales del libro; y termina con cuatro apartados interesantes donde aporta valiosa información, muy importante, para la lectura: “Notas”, “Índice de abreviaturas”, “Bibliografía” e “Índice onomástico”.
PREFACIO: El “Prefacio”
tiene una extensión muy breve, de poco más de una cara de página. En este
apartado, el autor cita la motivación que le llevó a escribir el libro y el
agradecimiento a varios amigos y colegas que le prestaron su ayuda.
CAPÍTULO 1: En el
capítulo 1, “Introducción. Lugares de memoria, lugares de dictador”, el autor entra
de lleno en materia con dos importantes hechos ocurridos en España en el año
2019, que a su vez pusieron la figura del dictador Francisco Franco de plena actualidad:
la demanda judicial de la Abogacía del Estado a los descendientes del dictador,
para la conversión en dominio público del pazo[1]
de Franco en Meirás (Sada, La Coruña); y el traslado de sus restos mortales
desde el Valle de los Caídos hasta el cementerio estatal de Mingorrubio (El
Pardo, Madrid). También se reseñan conceptos esenciales en la obra, tales como
el de dictadura: “forma de gobierno en la que la capacidad de decisión, y por
tanto el poder absoluto, se concentra en las manos de una sola persona, de un
líder, o a lo sumo de un pequeño grupo de personas, civiles o militares[2]”;
o el de dictador: “figura esencial en toda dictadura es la persona que está en
su cúspide[3]”.
Pero hay un concepto trascendental, centrado sobre todo en los lugares que
fueron importantes para los dictadores en su momento, que el autor cita con el
nombre de lugares de dictador. En torno a esto mismo se desarrolla todo
el libro.
Este primer capítulo se
divide, tras este preámbulo, en dos secciones: “1.1. ¿Qué son los «lugares de
dictador»? Esbozo de una tipología” y “1.2. La difícil (di)gestión de los lugares
de dictador en las democracias”. En la sección primera se hace hincapié en
el significado en sí de los lugares de dictador, en su numerosa variedad
o su propia consideración jurídica: tipo de propiedad pública o privada.
Además, dentro de una tipología variada, se citan cinco grandes categorías
vinculadas a los lugares de dictador: la casa natal o paterna, la tumba
privada o semipública, las residencias o recintos temporales, los mausoleos y
los lugares de culto en iglesias o templos. En la sección segunda se pone de
manifiesto la difícil gestión, que lleva a cabo la Autoridad gubernamental, de
estos lugares una vez fallecidos los dictadores e instaurados, en muchos casos,
regímenes o sistemas democráticos. Ya que nos encontramos ante edificios o
lugares cargados de gran fuerza simbólica, convertidos a veces en lugares de
peregrinación de adeptos o hasta en zonas turísticas debido a su importancia
histórica.
CAPÍTULO 2: El capítulo
2, “Los lugares del dictador fascista”, se divide en numerosas secciones y
subsecciones que iremos tratando a continuación. Comienza con la sección: “2.1.
Alemania: entre el silencio y la resignación”, donde se centra en la figura del
dictador nazi Adolf Hitler. Según se comenta en el libro, si bien su caso
alcanza las más altas cotas de extremismo político y militar, Hitler no
disfrutaba de grandes posesiones como otros opresores. Entre sus propiedades destacan
los derechos de autor de su obra Mein Kampf, que fueron confiscados por
Estados Unidos y cedidos al estado de Baviera. Además, relacionado con el
dictador, se encuentra el complejo de mando y comunicaciones de Prusia Oriental
denominado Guarida del Lobo (Wolfsschanze), ubicado en la actual
Polonia.
Tras una breve página,
la sección 2.1. se divide a su vez en cuatro subsecciones. En la primera
(2.1.1.), el autor nos habla del búnker de Hitler (Führerbunker), donde
pasó los últimos días de su vida junto a su esposa, Eva Braun, y sus más fieles
partidarios. En la segunda (2.1.2.), cita varios recintos monumentales
alemanes, situados en tres ciudades importantes para el partido NSDAP[4]:
Múnich, con los restos del complejo de Königsplatz (sede nazi); Núremberg, con
el complejo denominado Campo Zeppelin; y la capital Berlín, con el parque
olímpico. En la tercera (2.1.3.), nombra lugares íntimos del dictador, como el
complejo de Obersalzberg (Alpes bávaros), donde poseía una segunda residencia junto
a otros dirigentes nazis: el partido le regaló el palacete llamado Nido del
Águila (Kehlsteinhaus), en la actualidad utilizado como restaurante y
atracción turística. También la antigua sede central del partido nazi en
Múnich, donde llegó a trabajar Eva Braun como fotógrafa; o algunos edificios
muniqueses donde vivió Hitler por un tiempo. Y en la cuarta (2.1.4.), cita diversos
lugares, como la casa particular de Eva Braun en Múnich (derribada y construida
una nueva vivienda particular en su lugar), o hasta diversas tumbas de jerarcas
nazis: el militante de las SA Hort Wessel[5],
que fue profanada en dos ocasiones; el general Alfred Jodl, miembro del Estado
Mayor del Führer; o el lugarteniente de Hitler (Stellvertreter des Führers)
Rudolf Hess. En el libro se nos comenta que Hess se suicidó en 1987 en la
cárcel de Spandau, que fue demolida a su muerte, siendo inhumado en una tumba
familiar en el cementerio de Wunsiedel (Alto Palatinado). Sin embargo, su tumba
se convirtió en un lugar de peregrinación para grupos neonazis, hasta que en el
2011 sus restos fueron exhumados, cremados y sus cenizas arrojadas al mar por
sus nietos. Por último, cabe destacar que otro posible centro de peregrinación
nazi sería la villa personal de Joseph Goebbels[6],
situada en el lago Bogensee (Wandlitz).
La sección 2.2.,
titulada “Austria: la sombra de Hitler… ¿y Dollfus?”, como ocurre en el tema predecesor
(2.1.), también se divide en diversos apartados. Comienza con la Declaración de
Moscú de 1943, por la que los Aliados reconocen a Austria como víctima del
nazismo nada más producirse el Anschluss[7]
en 1938. Sin embargo, a partir de 1980, el Estado aceptó su corresponsabilidad
por los crímenes ocurridos en la guerra; además del hecho incuestionable de que
Hitler había nacido en Austria. Pero antes del Anschluss el país estaba
gobernado por un canciller autoritario, Engelbert Dollfus, que sería asesinado
por los nazis en 1934. Así, en el subapartado 2.2.1. (compuesto a su vez por
dos partes más) el autor se centra en la figura de Adolf Hitler y en el 2.2.2.
en la de Engelbert Dollfus. Del primero, es importante mencionar que su casa
natal, donde permaneció sus dos primeras semanas de vida, se halla en la
localidad de Braunau am Inn. Esta vivienda fue expropiada por el NSDAP tras la
anexión de Austria; y en el 2016 por el Ministerio del Interior austriaco al
querer ponerla a la venta su anciana propietaria. El Estado austriaco pretendía
así evitar cualquier tipo de culto al Führer; además de que el alcalde
conservador de la ciudad comunicaba oficialmente el proyecto de conversión de la
vivienda en una comisaría de policía. Hitler vivió en otros lugares como
Leondign, donde reposaban los restos mortales de sus padres, Alois y Klara
Hitler, en una tumba del cementerio municipal, hasta que el ayuntamiento retiró
los despojos al osario (por expiración del permiso de enterramiento). En cuanto
a la vivienda, el ayuntamiento decidió utilizarla de almacén y taller para los
sepultureros, debido a su cercanía al cementerio, alejando igualmente el temor
a que se convirtiera en un lugar de culto nazi. La familia Hitler residió en
otros lugares como Hafeld o Lambach. En referencia al canciller austriaco
Dollfus, líder del partido Vaterländische Front (VF)[8],
este instauró en Austria un modelo autoritario y católico, con ideología
socialcristiana, alternativo al régimen nazi. Murió en un intento de golpe de
estado perpetrado por los nazis, alcanzado por dos disparos y falleciendo
desangrado. El golpe de estado fracasó y Dollfus se convirtió en un mártir de
la nación. Su sucesor, Schuschnigg, intentó negociar con Hitler, pero tras el Anschluss
fue apresado y trasladado a varios campos de concentración, hasta su liberación
en 1945 tras la caída del Eje. La tumba de Dollfus, señalizada como
“histórica”, está situada en el cementerio Hietzing de Viena. No recibe
homenajes masivos, pero sí ofrendas por políticos y organizaciones católicas.
Su casa natal está en Texing y ha sido convertida en museo, aunque tampoco
puede considerarse un centro de peregrinación de adeptos.
Por último, la sección
2.3., titulada “Italia: sincretismo posfascista y pragmatismo antifascista”, se
centra tanto en la Italia fascista y antifascista del momento como en la figura
de Benito Mussolini. Se comenta en este punto que tras la segunda guerra
mundial, se produce un caso singular en Italia, ya que la mayoría de los
italianos pasaron de ser fascistas a antifascistas en mayor o menor grado. Además,
entre 1943 y 1945 se llegó a producir una atroz guerra civil paralela al
conflicto mundial. Esta sección se divide en cuatro apartados. El primero
(2.3.1.) comienza con la ejecución de Mussolini y Clara Petacci[9]
por parte de los partisanos. Sus cadáveres fueron sometidos a escarnio y
vejaciones, y finalmente colgados boca abajo. La República se constituyó en
1946 y afrontó la política de la memoria con un doble rasero: la mayoría de la
población había simpatizado con el régimen. Pues bien, los cuerpos de Mussolini
y Clara fueron enterrados en una tumba anónima del cementerio de Musocco (Milán). Pero en 1946, militantes del clandestino
Partido Fascista Democrático localizaron la tumba y sustrajeron los restos del duce[10].
Los autores fueron detenidos y el gobierno decidió ocultarlos en el convento
capuchino de Cerro Maggiore, cerca de Milán, con la única connivencia del abad.
Por otro lado, la familia del duce conservó gran parte de sus
propiedades. El segundo apartado (2.3.2.) nos habla de la aldea natal de
Mussolini, Dovia (Predappio Vecchia), y del nuevo Predappio construido a partir
de 1925. Este complejo incluyó varios edificios monumentales. La familia del duce
solicitó el traslado de los restos a su localidad natal, y el gobierno autorizó
dicho traslado desde Cerro Maggiore. En 1957 Mussolini fue inhumado en la
cripta del cementerio de San Cassiano. Por eso, Predappio se convirtió en un
lugar de peregrinación de admiradores, así como de manifestaciones de grupos
contrarios. Tres fechas destacan en las visitas: el nacimiento y la muerte de
Mussolini y la marcha sobre Roma. A partir de 1980 los homenajes son más
discretos, y en el lugar se pueden adquirir objetos de culto neofascista y
neonazi. Muy cerca de Predappio, Vila Carpena fue otra residencia del duce,
convertida hoy en día en un museo privado del fascismo. En el tercer apartado
(2.3.3.) surge un debate interminable: “musealizar” o no a Mussolini. Su casa
natal de Dovia fue expropiada por los Aliados a la familia del duce,
hasta ser adquirida por el municipio. Actualmente está destinada a usos
públicos. Sin embargo, el problema fue el museo de Predappio, también llamado
Museo Mussolini, foco de peregrinación de fascistas. La discusión política ha
ido en aumento desde 2017. En la actualidad, la alcaldía de Predappio mantiene
abierta la cripta de Mussolini al público todo el año. El último apartado
(2.3.4.), bajo el título de “Jerarcas fascistas: memoria y olvido”, el autor va
nombrando a otros importantes líderes fascistas: Gabriele D’Annunzio, Italo
Balbo, Roberto Farinacci o Dino Grandi, así como lugares de memoria vinculados
al origen del movimiento: el palacio Castani[11],
donde se fundó el primer Fascio de combattimento, el memorial del Vittoriale
degli Italiani, el mausoleo de la familia Ciano, el hotel de montaña Campo
Imperatore, el memorial dedicado a Michele Bianchi[12],
el memorial Aldo Tarabella en el cementerio de Monza o el mausoleo de Affile
dedicado al mariscal Rodolfo Graziani.
CAPÍTULO 3: El capítulo
3, “Los lugares del dictador autoritario y colaboracionista”, se adentra en
varias dictaduras europeas del periodo entre la primera y la segunda guerra
mundiales, o periodo de entreguerras. Estos regímenes cayeron principalmente
entre 1944 y 1945, con la derrota del Eje. Sin embargo, dos de estas dictaduras
supieron adaptarse al nuevo mundo tras la segunda guerra mundial: la dictadura
de Francisco Franco Bahamonde en España y la de António de Oliveira Salazar en
Portugal. El capítulo se divide en tres grandes bloques. En el primero (3.1.)
tenemos a Portugal como protagonista. La larga dictadura lusa dominaba el país
desde 1933, hasta que en 1974 sufrió una crisis y se desmoronó rápidamente tras
la Revolución de los Claveles. Se condenó el salazarismo al mismo tiempo que se
mitificó el 24 de abril[13].
Se retiraron del nomenclátor urbano todas las referencias al dictador Salazar,
y en el 2017 apenas siete calles mantenían su nombre. Además, solo había dos
estatuas en sendos municipios portugueses[14]
y fueron también retiradas. Salazar murió en 1970 y fue sucedido por Marcelo Caetano,
el verdadero derrotado en la Revolución de los Claveles. Caetano se exilió a
Brasil y murió en 1980; antes de morir había indicado su deseo de ser inhumado
en el país americano, algo que ahorró problemas al nuevo régimen portugués. Sin
embargo, Salazar fue inhumado en su parroquia[15]
local, Vimieiro[16],
y su tumba se encuentra junto a la de otros familiares, sin identificar. Asimismo,
en Vimieiro se encuentra la casa donde nació, así como otras viviendas de la
familia. Por último, la sección (3.1.) se compone del apartado 3.1.1. y
profundiza sobre la casa de Salazar. Tras el fallecimiento del dictador, el
número de visitantes a su tumba ha sido escaso. En la última década del siglo xx, el alcalde[17]
socialista de Santa Comba Dão planteó la creación de un Museo del Estado Novo[18],
pero la propuesta tuvo escaso éxito. En 2015 resurgió el proyecto, también del
nuevo alcalde[19]
socialista del municipio. El fin era crear un centro interpretativo, dirigido a
estudiosos de la Historia y turistas, y no a grupos nacionalistas. Sin embargo,
se corría el riesgo de que el museo se convirtiera en un centro de
peregrinación de partidarios de la dictadura, y la polémica estaba servida. En
2019 la Assembleia da República (Asamblea de la República) aprobó una moción
del partido comunista que condenaba la creación del museo o centro
interpretativo. No obstante, la lucha política continúa hasta nuestros días, y el
PS[20]
no descarta completamente la creación del centro de interpretación, siempre que
se dé garantías suficientes para que no se convierta en un centro de
peregrinación neofascista. Por último, además de la casa natal de Salazar,
existen otros edificios emblemáticos de la dictadura: los cuarteles de la PIDE[21]
en Lisboa y Oporto; o el castillo de Peniche, que sirvió de centro
penitenciario para presos políticos. En 2019, en este castillo se inauguró el
Museu Nacional Resistência e Liberdade.
En la sección (3.2.) se
citan otras dictaduras autoritarias de Europa central y oriental, en concreto
las de los países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania; y las de Polonia y
Grecia. Esta sección se compone de cuatro apartados. En el primero (3.2.1.) se reseñan
las dictaduras bálticas de Antanas Smetona en Lituania, Konstantin Päts en
Estonia y Kārlis Ulmanis en Letonia. Los tres dictadores fueron derrocados por
los soviéticos en 1940; Smetona se exilió a Estados Unidos y murió en 1944 en
ese país, y Päts y Kārlis fallecieron a manos de los soviéticos, tras sufrir
deportación y calamidades, convirtiéndose ambos en mártires. Algo de lo que se
privó a Smetona a causa de su exilio. En el segundo apartado (3.2.2.) encontramos
la dictadura del mariscal Józef Piƚsudski en Polonia, padre fundador de su
patria en el periodo de entreguerras. Piƚsudski pertenecía al PPS[22],
la variedad socialista del nacionalismo polaco. Instauró un pluralismo limitado
pero autoritario, sin censura a la prensa y con celebración de elecciones (con
amplio grado de manipulación de votos). Fue considerado como el defensor ante
austriacos, alemanes y soviéticos. Su casa natal de Zuƚówo / Zulawas[23]
fue reconvertida en museo memorial en 1937, sin embargo, años más tarde sería
destruida por los soviéticos. Hoy en día solo se conserva un monolito y
cenotafio. Tras el colapso de los regímenes comunistas, durante la década de
1990, se bautizaron calles en varias ciudades con su nombre, así como se
erigieron estatuas y monumentos con su imagen. Además, todos los partidos
políticos mostraron su respeto al mariscal, confinando al olvido sus facetas
autoritarias. Así, Piƚsudski se convirtió en su país en uno de los personajes
más importantes en el siglo xx. El
tercer apartado (3.2.3.) está dedicado al griego Ioannis Metaxas. Metaxas, para
evitar un levantamiento del partido comunista, disolvió el Parlamento y con el
apoyo del monarca griego, Jorge II, instauró una dictadura nacionalista.
Pertenecía al Partido de los Librepensadores[24]
y su régimen tenía cierta similitud a las dictaduras de Salazar y Franco. En la
segunda guerra mundial, anunció la imparcialidad de Grecia y combatió con éxito
ante la invasión italiana[25].
Después de su muerte, el país fue ocupado por los nazis. Su negativa a
incorporarse al Eje y su lucha contra Mussolini, le valieron de exculpación
póstuma ante la opinión pública. Además, cada 28 de octubre se celebra tanto en
Grecia como en Chipre el Día del No[26],
con desfiles de tropas y concentraciones. Sin embargo, su tumba, ubicada en el
Primer Cementerio de la capital helena, ha sufrido actos vandálicos por
miembros de la izquierda extremista. Por último, el apartado (3.2.4.) está
dedicado al mariscal Carl G. E. Mannerheim de Finlandia. El mariscal luchó en
el ejército zarista del Imperio ruso, y comandó las tropas blancas en la guerra
civil de 1918. Años más tarde, el Gobierno finlandés le otorgó el cargo de
mando supremo del ejército para luchar contra los soviéticos en las guerras de
Invierno (1939-1940) y de Continuación (1941-1944). Tras la segunda guerra
mundial, fue nombrado presidente para negociar una paz honrosa con los Aliados
y mantener la soberanía. Mannerheim era conservador y anticomunista, pero
siempre defendió el orden constitucional. Además, defendió la reconciliación
nacional entre ambos bandos de la guerra civil, siendo reconocido por
socialdemócratas y comunistas. Así, se convirtió en un héroe de la nación. Su
tumba se encuentra en el cementerio de Hietaniemi (Helsinki), y es escenario de
numerosas visitas y conmemoraciones.
La última sección (3.3.)
desarrolla las dictaduras autoritarias europeas del periodo de entreguerras,
pero regidas bajo la dominación de potencias extranjeras. En estos países
existían un amplio número de colaboracionistas con los invasores. En países
como Noruega o Países Bajos los dictadores fueron vistos como traidores tras la
caída del Eje; en contraposición a la buena imagen que disfrutaron sus monarcas[27],
exiliados en la segunda guerra mundial y colaboradores activos con los
gobiernos democráticos en destierro. Asimismo, en naciones como Francia,
Hungría y Eslovaquia, los dictadores, colaboradores de la Alemania nazi,
también fueron contemplados como traidores. Sin embargo, contaron con el apoyo
de una parte de la opinión pública, que los consideró más bien «patriotas» que optaron
por un mal menor para el país, tras sus respectivas invasiones. Esta sección se
compone de cuatro apartados. En el primero (3.3.1.) se reseñan a tres
dictadores colaboracionistas con los nazis: Mussert, De Clerq y Quisling. Anton
Mussert fue el líder del partido NSB[28]
nazi holandés. En mayo de 1945 fue detenido y justo un año después ejecutado.
Aunque fue inhumado en una tumba anónima[29],
su familia se enteró de la ubicación exacta y en 1956 sus restos
desaparecieron. El Gobierno declaró que el verdadero cuerpo del dictador había
sido cremado y los profanadores se habían equivocado. Staf De Clercq fue líder
del partido Vlaamsch Nationaal Verbond[30]
(VNV); murió en 1942 y fue enterrado en el cementerio de Kester con honores.
Tras la liberación de Bélgica, la Resistencia explosionó su mausoleo. Después
sus restos fueron exhumados y mutilados, volviendo a ser inhumados en el
cementerio de Leerbeek por petición de su viuda. La orden de extrema derecha
Vlaamse Militanten Orde[31]
(VMO) localizó sus despojos y los trasladó al cementerio de Asse (Bruselas), en
un acto de reparación. Por último, Vidkin Quisling fue dirigente del movimiento
fascista noruego Nasjonal Samling[32],
y actuó como primer ministro del Gobierno colaboracionista. Tras la caída de la
Alemania nazi, se entregó a la Resistencia; posteriormente fue juzgado, condenado
a muerte y ejecutado. Su tumba se encuentra en el cementerio de Gjerpen y hasta
el momento no ha sido foco de concentraciones de neofascistas, al igual que su
casa natal en la localidad de Fyresdal. El segundo (3.3.2.) está dedicado a la
figura del mariscal colaboracionista Philippe Pétain. El mariscal fue un héroe
de la Primera Guerra Mundial, donde lideró la batalla de Verdún de 1916. Tras
la expansión nazi, fue nombrado jefe del Gobierno autoritario de Vichy. Tras la
liberación del país, huyó con su gabinete a Alemania, donde fue capturado por
los Aliados y condenado a muerte. Pero debido a su avanzada edad, la pena se
conmutó con prisión perpetua. Tras su muerte, mantuvo a título póstumo la
condición de “mariscal de Francia”. Su tumba se encuentra en el cementerio de
Port-Joinville, en la isla de Yeu, y recibe escasos visitantes. En 1951,
antiguos miembros del gobierno colaboracionista crearon la Association pour
défendre la mémoire du maréchal Pétain[33]
(ADMP), para defender que el mariscal salvaguardó a los franceses de males
mayores durante la ocupación alemana. En 1973, el cuerpo del mariscal fue
secuestrado por partidarios suyos, con el objetivo de trasladarlo al osario de
Douaumont y cumplir la última voluntad del mariscal. Descubierta la trama por
la policía, el cuerpo volvió a ser inhumado en la isla de Yeu. Por último, cabe
destacar que en 2007 la tumba sufrió algunos actos vandálicos. El tercero
(3.3.3.) está dedicado a dos personajes: Tiso y Pavelić. El primero, Josef
Tiso, fue dirigente del Partido del Pueblo Esloveno, un grupo político
nacionalista y autoritario, y colaboracionista con la Alemania nazi. Se
convirtió en el primer mandatario y tras el derrumbe alemán, fue apresado en
Austria, juzgado y finalmente ahorcado en 1947. Durante la Checoslovaquia
comunista su figura fue condenada al olvido. Su tumba del cementerio de San
Martín, recibe actualmente la visita de numerosos seguidores y grupos
neofascistas. En 2007, tras una polémica por la autenticidad de sus restos
mortales, se comprobó la veracidad de los mismos tras realizar una prueba de
ADN. Los restos fueros divididos en tres partes: una se encuentra en la cripta
de la catedral católica de San Emerano, Nitra; otra en un relicario de su casa
natal de Bytča; y la última parte está custodiada por una sociedad de
emigrantes eslovacos en Canadá. En cuanto a Ante Pavelić, este gobernó el
Estado títere de Croacia. Llevó a cabo una política genocida contra las
minorías serbia, judía y gitana. Y tras la caída del Tercer Reich se refugió en
Italia y luego en Argentina, donde sufrió un atentado que le hizo trasladarse a
Madrid. Su tumba se encuentra en el cementerio de San Isidro, Madrid, pasando
desapercibida para los visitantes. Por último, el apartado cuatro (3.3.4.)
trata sobre la figura del almirante húngaro Miklós Horthy. Horthy, a diferencia
de los otros dictadores nombrados en este capítulo, se distanció de la Alemania
nazi. Buscó sin éxito el diálogo con los Aliados, siendo depuesto por los
alemanes tras invadir Hungría en 1944. Confinado en un castillo bávaro, fue
liberado por los Aliados y se exilió en Suiza y después en Portugal. En 1993,
sus restos mortales fueron trasladados de Portugal a una cripta familiar en el
cementerio de Kenderes, de su localidad natal. El castillo de su familia[34]
fue restaurado y convertido en una atracción turística. En 2013 se instaló un
busto del almirante en el templo del Retorno de la Iglesia Reformada Húngara,
en Budapest.
CAPÍTULO 4: El capítulo
4, “Los lugares del caudillo: mausoleos, pazos y criptas”, está dedicado
exclusivamente a la figura del general Francisco Franco. Como ya se ha reseñado
en el presente trabajo, en el 2019 ocurrieron dos hechos importantes en
relación a la figura del dictador: la demanda de la Abogacía del Estado español
contra sus descendientes, para la transformación en dominio público del Pazo de
Meirás; y el traslado de sus restos mortales desde el Valle de los Caídos hasta
un panteón familiar en el cementerio de Mingorrubio, El Pardo (Madrid). En
relación a la dictadura, se ha producido una fuerte pervivencia de numerosos
lugares vinculados a la misma: monumentos dedicados a los vencedores, nombres
de calles y plazas, o placas y cruces en iglesias y lugares públicos; aunque
muchos de ellos fueron desprovistos de la simbología franquista. Además, desde
el 2007 entró en vigor la Ley de Memoria Histórica (LMH). La casa natal del
dictador nunca ha sido un lugar de atracción para sus seguidores; al igual que
su residencia en el palacio de El Pardo, actualmente propiedad de Patrimonio
Nacional[35].
Este capítulo se divide en cuatro apartados. El primero
(4.1.) está dedicado al Valle de los Caídos, máximo espacio memorativo del
franquismo. El complejo se divide en una basílica y una abadía, una enorme
cruz, una avenida y otros edificios agregados[36].
Fue construido para conmemorar la victoria del bando insurrecto y ensalzar sus
valores, propios del nacionalcatolicismo. Junto a obreros civiles, participaron
numerosos prisioneros de guerra, presos políticos y comunes, pero se desconoce
su número exacto[37].
Aunque concebido como tumba para los combatientes nacionales, su retraso en la
construcción provocó que muchas familias fuesen reticentes en dejar trasladar
los restos de sus allegados. Así, ante la falta de muertos, el mismo Franco
permitió el traslado de soldados republicanos, admitiendo en privado que «los
soldados de la República luchaban porque creían cumplir un deber con la
República, y otros por haber sido movilizados forzosamente»[38].
En definitiva, el Valle se había construido para conmemorar la victoria ante el
comunismo, no para eternizar la fragmentación entre los dos bandos. En 1959 se
trasladaron, desde el monasterio de El Escorial, los restos mortales de José
Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange. Los falangistas mostraron su
malestar ante esta decisión, mediante abucheos a Carrero Blanco, que se
presentó en el acto. En 1975 falleció Franco, y sus restos fueron inhumados en
la basílica. En la actualidad, el Valle de Cuelgamuros pertenece a Patrimonio
Nacional[39],
y es el tercer monumento más visitado de este organismo público, detrás del
Palacio Real y el monasterio de El Escorial. Es un poderoso símbolo, pero no de
reconciliación, sino del propio franquismo. Entre 1976 y 1981, las fechas del
18 de julio[40]
y 20 de noviembre[41],
acudían al lugar miles de seguidores, donde se celebraba una misa organizada
por la Fundación Nacional Francisco Franco. Sin embargo, a partir de 1982 el
número de asistentes disminuyó paulatinamente.
El segundo apartado
(4.2.) trata sobre el Pazo de Meirás (Sada, A Coruña), sede estival del jefe
del Estado. El pazo tiene un origen medieval y fue residencia de la escritora
Emilia Pardo Bazán. Fue comprado por iniciativa de la élite local de A Coruña y
se constituyó una Junta Provincial Pro Pazo del Caudillo. La escritura fue
corroborada ante notario, la Junta obtuvo el pazo y lo confirió a Franco,
entregándole las llaves y un pergamino de donación “al jefe del Estado”. Se
encubría un regalo a Franco como propietario particular, pero con uso de
residencia oficial, gestionada por la Administración. Sin embargo, en 1940 la
Ley de creación de Patrimonio Nacional exigía agregar el pazo al dominio
público, por lo que Franco firmó una nueva escritura de compraventa que obviaba
la anterior. Hasta la muerte del dictador, el pazo fue utilizado como
residencia estival del jefe del Estado. Asimismo, en él se celebraron numerosos
consejos de ministros, audiencias oficiales y recepciones de embajadores. Tras
la muerte de Franco, el pazo cerró sus puertas en verano; ahora solo tenía las
visitas esporádicas de su viuda, su hija y sus nietos. Hasta el 1980 el Estado
asumió diversos gastos de gestión de Meirás.
En el tercer apartado
(4.3.), bajo el título de “Exhumar al dictador, recuperar su pazo”, el autor
hace mención, en referencia al Valle de los Caídos, del artículo 16 de la Ley
de Memoria Histórica: “se regirá por las normas aplicables a lugares de culto y
religiosos”, disponiendo su “despolitización” y “prohibición de actos de
naturaleza política que exaltasen la guerra civil, a sus protagonistas o al
franquismo[42]”.
En el año 2011, el Ministerio de la Presidencia del Gobierno de España formó
una comisión de expertos[43],
la cual presentó un informe sobre los usos que dar al emblemático lugar. Además,
se decidió que el cuerpo de José Antonio Primo de Rivera podría permanecer,
pero el de Franco no, ya que era el único que no había muerto en la guerra.
Comienza así un largo litigio entre el Estado y la familia del dictador,
opuesta al traslado. Hasta que un fallo definitivo del Tribunal Supremo dio
lugar al traslado de los restos de Franco hasta un panteón familiar en
Mingorrubio (Madrid), sin honores de jefe de Estado, pero transmitido por la
televisión pública. Por otro lado, en 2007 el regidor Abel López Soto, del
partido BNG[44],
con apoyo de otros grupos políticos, propuso recuperar Meirás como bien
público, declarándolo en un primer momento como Bien de Interés Cultural (BIC),
según la legislación gallega. En 2017, el Parlamento gallego reclamó a la Xunta
que creara una comisión de expertos para el cambio a dominio público del Pazo,
sin coste y excluyendo la expropiación. Esta comisión de expertos argumentó que
el Pazo había ejercido como sede estival del Jefe del Estado, siendo durante
años mantenido por la Administración pública, lo que posibilitaba la
reclamación del Estado a solicitar la titularidad como domicilio público. En
2019, la Abogacía del Estado demandó a la familia Franco. Un año más tarde, la
sentencia judicial daba la razón al Estado; la familia Franco recurrió, y a
finales de 2020 la jueza ordenó que se realizara un inventario para diferenciar
los bienes del Estado y los de la familia Franco. En la actualidad el Pazo de
Meirás es titularidad del Estado por Sentencia firme de la Audiencia Provincial
de A Coruña.
En el cuarto apartado
(4.4.), se hace mención a numerosos líderes fascistas españoles, como Ramiro
Ledesma Ramos[45],
Onésimo Redondo[46],
los generales José Sanjurjo y Emilio Mola, fallecidos en la guerra civil, o el
general Gonzalo Queipo de Llano, líder de la sublevación en Sevilla. También a
otros personajes como el general José Enrique Valera, Andrés Saliquet, Alfredo
Kindelán, Agustín Muñoz Grandes[47],
José Moscardó[48]
o Jaime Milans del Bosch[49].
CAPÍTULO 5: El capítulo
5, “Los lugares del dictador comunista”, abarca tanto la figura de Stalin, como
la de otros mandatarios de países comunistas, próximos o no a la Unión
Soviética. En Europa, entre finales de los ochenta y principios de los noventa
(1988-1989 y 1991), todas las dictaduras comunistas cayeron: URSS[50],
Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía, Yugoslavia, Albania y RDA[51].
En algunas el proceso fue pacífico (Checoslovaquia, Polonia o Hungría), pero en
otras no (Yugoslavia o Albania). La mayoría de las tumbas de los dictadores
comunistas no se convirtieron en centros de peregrinación de partidarios, y
solo en tres casos se procedió al culto fúnebre, con la técnica de embalsamado[52]
en los dos primeros: Georgi Dimitrov de Bulgaria (embalsamado y posteriormente incinerado
con la caída del régimen), Klement Gottwald de Checoslovaquia (embalsamado y también
incinerado por iniciativa del propio partido comunista, al decretar el fin del
culto a la personalidad) y Gheorghiu-Dej de Rumanía (inhumado). Este capítulo
se divide en cuatro apartados. El primero (5.1.) trata sobre Iósif Stalin[53];
quien, a su muerte, fue embalsamado y situado junto al cuerpo de Lenin en el
mausoleo de la plaza Roja de Moscú. Su sucesor, Nikita Kruschev, denunció sin
ambages, en el XX Congreso del PCUS, el “culto a la personalidad” y sus
crímenes. Así, el cuerpo de Stalin fue retirado del mausoleo e inhumado en el
cementerio cercano a la muralla del Kremlin; y en el 1965 se le añadió un
busto. Tras la deposición de Kruschev, en el periodo de Leonid Brezhnev, se
inició una cauta recuperación de la figura de Stalin. Y desde mediados de los
años noventa recibe homenaje cada 21 de diciembre[54].
Los actos, cargados de connotación religiosa, se realizan en su tumba y siguen
un ritual establecido. Sin embargo, ningún representante del Estado ruso acude
a los mismos. Además, los ultranacionalistas rusos han incorporado su figura
dentro de los héroes de la patria. Ya con Vladimir Putin en el poder, la imagen
del dictador soviético consiguió una importante revalorización en la sociedad.
Aunque las declaraciones, tanto de Putin como de Dmitri Medvédev[55],
se mantuvieron equidistantes y ambiguas. En 2012 una encuesta situaba a Stalin
en el primer lugar de los personajes más célebres de la historia, por delante
de Lenin y el zar Pedro el Grande. En este contexto, casi la mitad de los
jóvenes desconocían sus purgas políticas, deportaciones y campos de trabajo.
Para muchos ciudadanos Stalin era un cruel dictador, pero también un estadista eficaz;
aunque, a su vez, la mayoría de los encuestados tampoco deseaba retroceder a
las condiciones de vida del régimen totalitario estalinista. Por otro lado,
desde 1945 hasta la actualidad, se constituyeron más de setenta mil lugares de
memoria dedicados a la segunda guerra mundial. En cambio, desde la caída del
régimen soviético, poco más de mil cien monumentos recuerdan a las víctimas de
la represión estalinista[56].
Finalmente, dentro de este apartado encontramos otro titulado: 5.1.2.
Georgia: ¿el hijo más ilustre del país? Aunque todas las exrepúblicas
soviéticas comparten el culto común a la memoria de la segunda guerra mundial,
las repúblicas bálticas, caucásicas y Ucrania iniciaron en sus políticas de la
memoria una ruptura frente a la era soviética, mostrándose como víctimas de una
ocupación tanto alemana como rusa. Así, el recuerdo de Stalin en estos estados
es negativo[57].
Stalin nació en la ciudad georgiana de Gori, donde se halla el Museo Stalin, un
espacio regio donde se levanta la casa natal del dictador, que fue trasladada y
reconstruida. Sin embargo, Gori nunca se convirtió en un lugar de culto a
Stalin, ya que, desde la declaración como república independiente, Georgia
renegó de Stalin y Beria[58].
Mijeil Saakashvili[59]
declaró la intención de reconvertir el museo para evocar las “agresiones
rusas”; así como a retirar muchos monumentos soviéticos. Pero con su derrota
electoral, el ayuntamiento de Gori aprobó devolver la estatua de Stalin a su
pedestal, ya que previamente había sido retirada. Desde la dirección del museo,
se explicaba que en las salas del mismo se muestran tanto los aspectos
positivos como negativos del dictador.
El apartado segundo
(5.2.) trata sobre Enver Hoxha[60],
dictador de Albania durante cuatro décadas. Los restos de Hoxha fueron
exhumados en el Cementerio de los Mártires de la Patria, cerca de Tirana.
Diversas granjas colectivas, así como la universidad de Tirana, fueron
bautizadas con el nombre del dictador. Y tres grandes estatuas fueron erigidas
en Gjirokastra[61],
Korça y Tirana. Asimismo, se construyó en Tirana un grandioso museo, dedicado a
Hoxha, con forma de pirámide. Con la caída del bloque comunista, se retiró la
estatua del dictador situada en la plaza de Skanderber de Tirana, y sus restos
mortales fueron trasladados al cementerio municipal de la capital. El museo de
la pirámide fue desmantelado y el edificio recibió el nombre de la Pirámide de
Tirana. Y en 2020 el ayuntamiento acordó reconvertirlo en un centro educativo y
cultural de vanguardia.
El apartado tercero
(5.3.) trata sobre el dictador rumano Nicolae Ceauşescu, ejecutado junto a su
esposa Elena el 25 de diciembre de 1989. Los restos mortales del dictador se
encuentran en el cementerio civil de Ghencea, Bucarest, donde apenas unos pocos
partidarios se reúnen el día de su nacimiento[62].
Entre 1990 y 1991 se cambiaron los nombres de multitud de calles, plazas y
edificios públicos, relacionados con el régimen. La casa natal de Ceauşescu,
situada en Scornicesti, fue reconvertida en museo por un sobrino del dictador.
Además, una estatua[63]
suya se encuentra en el jardín de la vivienda particular de Emil Bârbulescu[64].
Por lo tanto, no es considerada monumento público, aunque sí es visitada por
miles de turistas al año. Otro edificio significativo, muy visitado por
turistas y nostálgicos, es el cuartel militar de Targoviste, lugar de
detención, juicio y ejecución de Nicolae y Elena.
Por último, el apartado
cuarto (5.4.) se centra en la figura del mariscal Josip Broz Tito,
presidente de Yugoslavia entre 1945 y 1980. El régimen de Tito, aunque
enmarcado en el bloque comunista, fue contrario al régimen soviético, y, como
promotor de los países no alineados, mantuvo buenas relaciones con Europa
occidental. De hecho, su régimen fue considerado como una dictablanda.
Finalizada la fase de depuración, rompió con Stalin y se abrió a Occidente. No
mantuvo los campos de concentración, ni otorgó potestad incondicional a la
policía política. El país se rigió por un sistema federal, por lo que el propio
Tito no gozó de un poder absoluto. Sin embargo, un rasgo fundamental del
régimen fue el culto a su personalidad. Tras su muerte, fue inhumado en el
mausoleo de Dedinje, denominado la Casa de las Flores, cerca de Belgrado. Tras
la desintegración de Yugoslavia, el museo fue cerrado al público, sin embargo,
en la actualidad forma parte del Centro Memorial Tito, dentro del Museo de
Yugoslavia. Por último, cabe señalar los siguientes edificios relacionados con
el régimen yugoslavo: el palacio de verano construido por Tito en el lago Bled[65],
reconvertido en hotel; y el conjunto memorial erigido en su pueblo natal,
Kumrovec[66].
CAPÍTULO 6: En el
capítulo 6, “Epílogo. ¿Qué hacer con los lugares de dictador?”, el propio autor
reseña a su inicio: «Este ensayo trata de forma comparativa acerca de un
capítulo de la historia europea de la larga posguerra, el referente a las
políticas de la memoria acerca del pasado reciente relativas a los lugares de
dictador[67]».
Así, nos muestra diferentes casos ocurridos en un mismo periodo de la historia,
complejos pero directa o indirectamente interconectados. En este capítulo, a
modo de breve resumen, se nombran personajes de otras dictaduras de Asia, África
y América. Por lo tanto, de Asia podemos citar a los siguientes: Mustafa Kemal
Atatürk, primer presidente de Turquía; Mao Zedong, padre de la revolución
china; Kim II-sung, fundador de la dinastía actual de Corea del Norte; Pol Pot,
genocida de los jemeres rojos en Camboya; Damdin Sükhbaatar y Khorloogiin
Choibalsan, líderes comunistas de Mongolia; Saparmurat Niyazov, presidente de
Turkmenistán; o Islam Karimov, presidente de Uzbekistán. En cuanto a África,
podemos mencionar a los siguientes: Jean-Bédel Bokassa, emperador de la
República Centroafricana; Mobutu Sese Seko, presidente de la República
Democrática del Congo/Zaire; o Gnassingbé Eyadéma, presidente de Togo. Y, por
último, en relación a América, podemos enumerar los siguientes: Augusto
Pinochet, presidente de Chile; o Augusto Videla, presidente de Argentina.
Finalmente, el autor
expone que el destino y gestión de los lugares de dictador es complejo, dentro
de la diversidad de políticas aplicadas por las administraciones afectadas. Sin
duda, los riesgos de la resignificación de estos lugares son indiscutibles,
puesto que varios de ellos se han convertido en lugares de culto para adeptos y
nostálgicos[68].
Por lo tanto, las propuestas de uso giran alrededor de tres cuestiones
esenciales: la primera, dónde resignificar espacios cargados de
simbolismo; la segunda, qué se debe representar en el museo o centro de
interpretación; y la tercera, cómo resignificar. En cuanto al caso
español, se describen otras tres singularidades que hacen más dificultoso
tratar la resignación de estos lugares: la primera, la inexistencia de una
ruptura revolucionaria de la dictadura a la democracia; la segunda, que parte
de los lugares sean, o hayan sido, propiedad privada de la familia del
dictador, como el Pazo de Meirás[69];
y la tercera, que exista una estrecha relación entre algunos lugares de memoria
con un suceso traumático y colectivo, como es el caso de la guerra civil
española[70].
OTRA INFORMACIÓN: Como
anexo complementario a la obra, en su parte final encontramos los siguientes
apartados: “Notas”, “Índice de abreviaturas”, “Bibliografía”, “Índice
onomástico” e “Índice”.
COMENTARIO PERSONAL
Autor: Xosé Manuel Núñez Seixas.
Editorial: Editorial Crítica.
Primera edición: abril de 2021.
En el libro objeto de este trabajo, Guaridas del lobo. Memorias de la Europa autoritaria, 1945-2020, cuya autoría corresponde al historiador gallego Xosé M. Núñez Seixas (catedrático en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela), se nos presentan numerosas dictaduras que se desarrollaron en Europa, en un marco cronológico que abarca prácticamente todo el siglo xx, en concreto desde el periodo de entreguerras[71] hasta la caída de las dictaduras comunistas de Europa del Este, a finales de dicho siglo.
Con un amplio abanico de personajes y estados, Núñez
Seixas relata con destreza diversos puntos esenciales de cada dictadura,
haciendo hincapié principalmente en los lugares de dictador, o lugares
de memoria, vinculados estrechamente con cada dictador y régimen. Así, podemos
encontrarnos desde edificios (viviendas, cuarteles, residencias veraniegas,
etcétera), estatuas, pirámides o vastos complejos monumentales, hasta tumbas o
mausoleos cargados de gran simbolismo.
El autor divide la obra en diferentes capítulos, muy
bien estructurados según el tipo de régimen en cuestión[72]. Esto
hace que el lector se adentre fácilmente en el libro y comprenda sin dificultad
su desarrollo. El primer capítulo se compone de una introducción básica y
analiza conceptos fundamentales, como el de “lugar de memoria” o “lugar de
dictador”, o asimismo el de “dictador” o “dictadura”. El segundo capítulo
describe los lugares del dictador fascista, donde destacan figuras como Hitler,
Dollfuss o Mussolini. El tercer capítulo narra los lugares del dictador
autoritario y colaboracionista, como Salazar, Smetona, Päts, Ulmanis,
Mannerheim, Pétain o Tiso, entre otros. El cuarto capítulo se centra en los
lugares del caudillo[73]:
mausoleos, pazos y criptas. Este capítulo está dedicado exclusivamente a la
figura del dictador Francisco Franco. El quinto capítulo relata los lugares del
dictador comunista, con destacados personajes como Stalin, Hoxta, Ceauşescu o Tito. Y el
sexto capítulo, desarrollado a modo de epílogo o resumen, profundiza en el
posible destino y gestión de los lugares de dictador, al tiempo que marca los
peligros de la resignificación de estos lugares. Además, en este último
capítulo, se nombra a un numeroso grupo de dictadores de otros continentes, Asia,
África y América, si bien de forma breve y concisa.
El término “lugares de
dictador” tiene enorme importancia, ya que toda la obra se desarrolla alrededor
del mismo. Estos lugares están vinculados profundamente a los dictadores, pues
son parte de su nacimiento, vida o muerte. En realidad, aunque pueden ser
lugares muy variados, hay cinco tipos básicos o categorías:
1.
La
casa natal o paterna del dictador.
2.
La
tumba privada o semipública del dictador.
3.
Las
residencias o espacios donde el dictador pasó gran parte de su vida.
4.
Los
mausoleos diseñados por el dictador, sus familiares o seguidores[74].
5.
Las
imágenes o lugares de culto en iglesias o templos.
En cuanto a las
reflexiones que plantea la obra, podemos destacar la enorme importancia, a
nivel social, político y económico, que han tenido –y tienen– los lugares de
memoria o lugares de dictador. Ya que en muchos casos se han convertido en
edificios, mausoleos o tumbas objeto de peregrinación de seguidores y
simpatizantes de los propios dictadores y sus regímenes totalitarios,
autoritarios o colaboracionistas. Estos hechos han provocado multitud de
conflictos en los países implicados, independientemente de su ideología. Un
ejemplo significativo, que se encuentra en nuestro propio país, es el Valle de
los Caídos o Valle de Cuelgamuros, ubicado en el municipio de San Lorenzo del
Escorial, Madrid. Dentro del contexto de su propia historia, este lugar se halla
vinculado claramente a la figura de Franco y su régimen dictatorial, en lugar
de corresponder a un complejo monumental imparcial, que simbolice una viable fraternidad
entre los dos bandos de la contienda[75].
Finalmente, cabe destacar que el libro profundiza
bastante en el tema que desarrolla. Está escrito en un lenguaje didáctico,
fácilmente comprensible para el lector, y desarrollado en torno a las figuras
de los dictadores europeos más importantes del siglo xx y los lugares de memoria vinculados a ellos. Lugares de
memoria que el propio autor reseña como lugares de dictador, es decir,
las “guaridas del lobo” donde estos líderes totalitarios o autoritarios
nacieron, crecieron o indudablemente se convirtieron en los personajes más
terroríficos de su tiempo. Por lo tanto, la valoración personal de la obra es
ciertamente positiva, puesto que consigue con creces su objetivo pedagógico.
BIBLIOGRAFÍA
De la Torre Gómez, Hipólito; Alted Vigil, Alicia; Pardo Sanz, Rosa María; Herrerín López, Ángel; Jiménez Redondo, Juan Carlos; Valdivieso Royo, Alejandro. La historia del mundo en mapas, Editorial Universitaria Ramón Areces, 2019.
Haywook, John; Catchpole,
Brian; Hall, Simon; Barratt, Edward. La historia del mundo en mapas, Susaeta, 2020.
Núñez
Seixas,
Xosé Manuel. Guaridas del lobo: Memorias de la Europa autoritaria, 1945-2020,
Editorial Crítica, 2021.
WEBGRAFÍA
https://www.planetadelibros.com/autor/xose-m-nunez-seixas/000028939
https://www.patrimonionacional.es/visita/palacio-real-de-el-pardo
[1]
RAE: casa solariega gallega, especialmente la edificada en el campo.
[2]
Xosé M. Núñez Seixas. Guaridas del lobo: Memorias de la Europa Autoritaria,
1945-2020, pág. 10.
[3]
Ídem, pág. 11.
[4]
NSDAP: Nationalsozialistiche Deustche Arbeiterpartei o Partido Nacionalista
Alemán de los Trabajadores.
[5]
Hort Wessel fue asesinado en 1930 en un enfrentamiento callejero y elevado a
mártir nazi, que dio nombre al popular himno Horst-Wessel Lied.
[6]
Ministro de Propaganda del NSDAP.
[7]
Anschluss o anexión de Austria por parte de la Alemania nazi.
[8]
Vaterländische Front, VF, o Frente Patriótico (en castellano).
[9]
Amante de Mussolini.
[10]
Sobrenombre de Mussolini.
[11]
En la actualidad alberga la comisaría central de policía.
[12]
Miembro del PNF fallecido en 1930.
[13]
Revolución de los Claveles, fecha del golpe de Estado que derrocó la dictadura
en el país.
[14]
Lisboa y Santa Comba Dâo (distrito de Viseu).
[15]
La parroquia o freguesia portuguesa equivale a una pedanía, distrito o barrio
de un municipio.
[16]
Vimieiro pertenece a la localidad de Santa Comba Dâo (distrito de Viseu).
[17]
Alcalde socialista Orlando Mendes.
[18]
Estado Novo es el nombre que se dio al régimen dictatorial de Portugal.
[19]
Alcalde socialista Leonel Gouveia.
[20]
PS: Partido Socialista portugués.
[21]
PIDE: Policía Internacional y de Defensa del Estado; fue la policía secreta o
política portuguesa.
[22]
PPS: Polska Partia Socjalistyczna o Partido Socialista Polaco (en castellano).
[23]
Actualmente en territorio lituano.
[24]
Partido de ideología nacionalista y monárquica.
[25]
“Se mantuvo firme –con un
escueto Oxi (No)– frente a
las exigencias de Mussolini”. Xosé M. Núñez Seixas. Guaridas del
lobo: Memorias de la Europa Autoritaria, 1945-2020, pág. 117.
[26]
Epéteios tou Oxi.
[27]
La reina Guillermina de los Países Bajos y el rey Haakon VII de Noruega.
[28]
NSB: Nationaal-Socialistische Beweging o Movimiento Nacional Socialista (en
castellano).
[29]
Del cementerio general de la Haya.
[30]
VNV: Vlaamsch Nationaal Verbond o Unión Nacional Flamenca (en castellano).
[31]
VMO: Vlaamse Militanten Orde u Orden de los Militantes Flamencos (en
castellano).
[32]
Encuentro Nacional o Unión Nacional (en castellano).
[33]
ADMP: Association pour défendre la mémoire du maréchal Pétain o Asociación para
defender la memoria del mariscal Pétain (en castellano).
[34]
Castillo Horthy.
[35]
Patrimonio Nacional: https://www.patrimonionacional.es/visita/palacio-real-de-el-pardo.
[36]
Una escuela, una biblioteca-centro de estudios y una hospedería.
[37]
Entre 2.500 y 20.000 hombres, según diversas estimaciones.
[38]
Xosé M. Núñez Seixas. Guaridas del lobo: Memorias de la Europa Autoritaria,
1945-2020, pág. 151.
[39]
Patrimonio Nacional: https://www.patrimonionacional.es/visita/valle-de-cuelgamuros-0.
[40]
18 de julio de 1936, fecha del golpe de Estado.
[41]
20 de noviembre de 1975, fallecimiento de Francisco Franco.
[42]
Xosé M. Núñez Seixas. Guaridas del lobo: Memorias de la Europa Autoritaria,
1945-2020, pág. 160.
[43]
Compuesta por historiadores, juristas y filósofos.
[44]
BNG: Bloque Nacionalista Galego.
[45]
Falangista asesinado el 29 de octubre de1936.
[46]
Líder jonsista y luego falangista.
[47]
Primer comandante en jefe de la División Azul.
[48]
Enterrado en la cripta del Alcázar de Toledo.
[49]
Uno de los protagonistas del golpe de Estado de 1981.
[50]
URSS: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
[51]
RDA: República Democrática Alemana.
[52]
Empleada con los restos de Lenin y Stalin.
[53]
Nombre de nacimiento: Iósif Vissariónovich Dzhugashvili.
[54]
Fecha oficial (aunque no real) de su nacimiento, fijada por él mismo.
[55]
Sucesor y predecesor de Vladimir Putin.
[56]
Y del periodo comunista en general.
[57]
En Ucrania es visto como el principal responsable de la gran hambruna u Holodomor
de 1932-1933.
[58]
El georgiano Lavrenti Pávlovich Beria fue un importante dirigente comunista,
jefe del servicio secreto NKVD.
[59]
Presidente de Georgia entre 2004 y 2013.
[60]
Hoxha impuso una dura dictadura de corte estalinista.
[61]
Localidad natal de Enver Hoxha. La estatua de esta población fue demolida con
la caída del régimen en 1991.
[62]
Cada 26 de enero.
[63]
Obra del escultor Petre Georgescu Dedy.
[64]
Oficial retirado de la milicia, seguidor del dictador.
[65]
Lago situado en el norte de Eslovenia.
[66]
Población situada en el noroeste de Zagreb, Croacia.
[67]
Xosé M. Núñez Seixas. Guaridas del lobo: Memorias de la Europa Autoritaria,
1945-2020, pág. 223.
[68]
Por ejemplo, la casa natal de Tiso en Bytča,
el museo de Gori dedicado a Stalin o El Valle de los Caídos para el franquismo.
[69]
A diferencia de Hitler, Stalin o Salazar, cuyas residencias pertenecieron al
Estado.
[70]
Como ocurre con El Valle de los Caídos.
[71]
El periodo de entreguerras se establece desde el final de la Primera Guerra
Mundial hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
[72] Clasificados
por su ideología política.
[73]
Francisco Franco, nombrado Caudillo de España.
[74]
Por ejemplo, el Valle de los Caídos.
[75]
Bando republicano y bando sublevado.
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